Estilísticamente, se trata de una talla manierista, documentada como obra realizada por el imaginero Francisco de Ocampo entre 1611 y 1612. Hasta 1940 se atribuía su autoría a la gubia de Juan Martínez Montañés, como otras muchas tallas anónimas de la ciudad, creencia no del todo desatinada por cuanto Ocampo trabajó en el taller del maestro durante algunos años a comienzos del siglo XVII; sería en ese año cuando, a causa de su restauración, apareció en su interior un documento manuscrito del artista por el que se testimoniaba su autoría, escrito al que acompañaba una reliquia del lignum crucis que desde entonces figura en un relicario a los pies de la Virgen de la Presentación en su paso procesional.

El crucificado fue encargado por Gaspar Pérez Torquemada para la capilla que éste poseía en la iglesia de Santa Catalina, hecho que condicionaría su tamaño, algo inferior al original, al no estar concebido para ser procesionado.

La escritura de concierto entre Pérez Torquemada y Francisco de Ocampo, fechada el 5 de noviembre de 1611, estipulaba que la imagen debía seguir el modelo montañesino del Cristo de la Clemencia, situado hoy en la Sacristía de los Cálices de la Catedral (1603), en el que se inspira, y cuya afinidad estilística reforzaría sin duda su atribución durante tanto tiempo a la producción de Montañés. No obstante, es una obra de una sensibilidad distinta a la de su modelo, con un mayor realismo formal y un patetismo que envuelve toda la obra, lo que supone una evolución estilística en el realismo de la imaginería sevillana del primer barroco.

Desde el último tercio del siglo XVII, en que la imagen pasa a poder de la antigua hermandad de los mulatos de Sevilla -antecedente de la actual Hermandad del Calvario- el crucificado comienza a ser procesionado sobre su primer paso, primero el Miércoles Santo y posteriormente en la Madrugada del Viernes, sufriendo desde entonces diversos daños por este motivo. Tras diversas intervenciones ocasionales sobre la talla, debió ser acometida una primera restauración integral en 1940 y, posteriormente, en 1987 a causa de los desperfectos acumulados históricamente que presentaba sobre todo en el hombro izquierdo, la espalda y en la corona de espinas, ya que fue una práctica habitual el colocársele antiguamente sobre la misma una peluca de pelo natural.