Cuando en la madrugada de 1.916 la Cofradía, procedente de la Iglesia de San Gregorio, se dirige a su nuevo templo en la Parroquia de la Magadalena se abre una nueva etapa en la vida de la Hermandad.

La Corporación, que se reorganizó en su histórica sede de San Ildefonso en 1.886, desarrolló una intensa actividad de transformación, en todos los órdenes – sociales, artísticos y económicos -, llegó a su nueva sede en el antiguo Convento dominico de San Pablo con una personalidad y carácter ya definidos constituyendo la nueva etapa, que en la Magadlena se inicia, como la consolidación definitiva de su estilo y el enriquecimiento paulatino de su ya rico patrimonio.

En estas fechas ya se había consolidado la Hermandad como una de las Corporaciones penitenciales de la ciudad de más influencia, solera y carácter penitencial, recibiendo sus Sagradas Imágenes la devoción y el respeto de multitud de hermanos y fieles sevillanos. Los pasos procesionales ya ofrecían, en esencia, su peculiar estilo que los caracteriza, habiéndose estrenado el paso de Farfán tan sólo siete años antes, habiendo sido el dicho año del traslado al nuevo templode la Magadlena el del estreno del sobrio paso de palio de cajón, obra de Juan Manuel Rodríguez Ojeda. A partir de esta fecha la Hermandad se concentra en el enriquecimiento de sus pasos, con la contribución de diversas familias, benefactores y bienhechores, lo que se culminaría, de forma definitiva, en la década de los setenta del siglo anterior.

Si en los difíciles años veinte y treinta la Corporación ofreció muestras de su liderazgo y prudencia, el fin de la contienda civil dio paso a una etapa de progresivo crecimiento, en todos los órdenes, lo que culminaría, también en la década de los setenta, con un importante crecimiento en el número de hermanos, produciéndose la paulatina apertura de su núcleo activo, en el que comenzó la participación de una pujante juventud.

La creación de las Escuelas gratuitas, el Grupo Joven, la Cuadrilla de Hermanos Costaleros, el Coro Virgen de la Presentación y la inauguración de la Casa de Hermandad no son más que distintos hitos en la vida de una Hermandad ya abierta a los diversos grupos que la forman.
Cuando en la madrugada de 1.916 la Cofradía, procedente de la Iglesia de San Gregorio, se dirige a su nuevo templo en la Parroquia de la Magadalena se abre una nueva etapa en la vida de la Hermandad.

La Corporación, que se reorganizó en su histórica sede de San Ildefonso en 1.886, desarrolló una intensa actividad de transformación, en todos los órdenes – sociales, artísticos y económicos -, llegó a su nueva sede en el antiguo Convento dominico de San Pablo con una personalidad y carácter ya definidos constituyendo la nueva etapa, que en la Magadlena se inicia, como la consolidación definitiva de su estilo y el enriquecimiento paulatino de su ya rico patrimonio.

La celebración del Centenario de la reorganización de la Hermandad fue la expresión de una Corporación viva, abierta y compleja donde la devoción por sus Imágenes Titulares sigue siendo, hoy, como siempre, el corazón que late en cada uno de los miembros de esta Hermandad y que la impulsa hacia nuevos destinos, siempre en la consevación de sus más puras y hondas tradiciones, pero abierta a abrazar la actualización de las nuevas corrientes de participación e integración de sus hermanos. Hoy la Hermandad, con más de dos mil hermanos y hermanas y con una Estación de Penitencia en la que participan más de ochocientos hermanos, cuenta con una pujante actividad, vivo signo de su vigencia y esperanza de futuro.